Vitiligo en niños

El vitiligo puede aparecer en cualquier punto de la vida de cada persona, si bien se estima que hasta un 80% de los casos lo hacen antes de los 30 años de edad, muchos de los cuales durante la infancia. El vitiligo en niños presenta algunas características únicas que lo diferencian del vitiligo en adultos en cuanto a sus síntomas, extensión, evolución y tratamiento.

Un estudio de 2007 mostraba que el vitiligo en niños supone un 26% de todos los casos de vitiligo, lo cual parecía indicar una probabilidad equivalente a la de los casos en adultos. Sí mostraba en cambio una importante y significativa diferencia entre sexos, con un 61% de los casos perteneciendo a niñas frente a un 39% en niños. Esta diferencia de sexo podría ser dependiente del grupo étnico del paciente, ya que no se ha encontrado en estudios realizados en poblaciones de Asia oriental. El vitiligo en niños suele mostrarse de forma más frecuentes en las variedades de vitiligo segmentario y vitiligo vulgaris, mientras que en adultos es más común el vitiligo no segmentario (de distribución simétrica), lo que según los autores del estudio permitiría definir el vitiligo en niños como una clase propia de vitiligo.

Manos de un niño con vitiligo

El vitiligo en niños parece aparecer con especial profusión en las áreas de la cabeza y el cuello, seguidas por el tronco y las extremidades inferiores. La edad media de la primera aparición de vitiligo se encuentra entre los 5 y 6 años de edad, si bien la primera visita al médico no suele producirse hasta varios años después, entorno a los 7 y 8 años de edad. Al rededor del 14% de los niños con vitiligo tenían algún familiar cercano con vitiligo.

El tratamiento del vitiligo en niños suele responder de forma ligeramente más positiva que en adultos, obteniéndose resultados positivos en casi dos tercios de los pacientes. Entre los tratamientos propuestos, se encuentran el uso de pomadas que actúan sobre el sistema inmune de la piel, tratando de eliminar la reacción que destruye las células de melanina y aquellos basados en fototerapia.

Un estudio de 2004, mostraba que pomadas basadas en Tacrolimos tenían una efectividad de en torno al 90% en manchas situadas en la cabeza y el cuello frente a un 63% en casos situados en el tronco. Los casos con vitíligo en la cara fueron los que mostraron una mejor evolución. Como efectos secundarios, algunos pacientes sintieron quemazón con la aplicación de la pomada. Cuatro años antes, otro estudio defendía la efectividad de tratamientos basados en fototerapia UVB de banda estrecha, mostrando resultados positivos en más del 80% y más de la mitad de los pacientes consiguieron una reducción del 75% o superior en la extensión de las manchas.

 

Todos estos tratamientos deben ser aplicados de manera especialmente cuidadosa en el caso de los niños, no sólo debido a su menor resistencia contra efectos secundarios sino a la mayor vulnerabilidad de estos frente a un incremento del riesgo de sufrir melanomas. Se considera que exposiciones a rayos ultravioleta prolongadas en la infancia pueden ser mucho más dañinas que aquellas sufridas durante la edad adulta.

Referencias